La cesárea es el nacimiento del bebé mediante una incisión quirúrgica en el abdomen y el útero bajo anestesia general o epidural. Se realiza cuando no es posible o aconsejable el parto vaginal.
La cesárea puede ser programada, siempre que exista una causa ya conocida que permite planear el día en que se va a realizar, o de emergencia, cuando se ha de realizar al presentarse un problema de la madre o del bebé.
La cesárea es una operación mayor pero hoy en día se realiza con total seguridad y se debe practicar sólo cuando el médico lo considere necesario.
Algunas situaciones que indican la necesidad de realizar una cesárea incluyen:
- El bebé es demasiado grande para que pase sin riesgos por la vagina.
- El bebé está de nalgas o en posición transversal.
- Existe algún problema en la placenta, como la placenta previa que en un parto por vía vaginal puede generar una hemorragia.
- El trabajo de parto es demasiado lento o se detiene.
- Tiene un prolapso en el cordón umbilical (el cordón umbilical se coloca delante y corre el riesgo de quedar aplastado durante el parto vaginal).
- Existe una infección, como el VIH o el herpes vaginal, que constituye un riesgo de contagio para el bebé.
- El parto es múltiple y los bebés son pequeños.
- El bebé acusa sufrimiento fetal durante el trabajo de parto.
- La madre sufre una enfermedad que desaconseja el esfuerzo de un parto vaginal.
- Se realizó recientemente otra cesárea.
La recuperación después de una cesárea es más larga que tras un parto vaginal y la mujer debe permanecer de cuatro a ocho días ingresada en el hospital. Las mujeres que tienen partos por cesáreas tienen menos probabilidades de lactar o amamantar a sus bebés que las mujeres que tienen partos vaginales, ya que tarda más tiempo en establecerse la lactancia.
Los primeros días tras la cesárea se administran analgésicos para el dolor y durante las primeras 24 horas se deja puesta la sonda urinaria que se colocó antes de la cesárea para impedir que la vejiga llena moleste al cirujano, ya que el útero se encuentra justo detrás de la vejiga. La sonda urinaria es necesaria durante el primer día porque el efecto de la epidural se mantiene y no se sienten ganas de orinar.
Al día siguiente a la cesárea se retira la sonda y se realiza una extracción de sangre, para comprobar el índice de glóbulos rojos y detectar una posible anemia. En este caso, el médico prescribirá un tratamiento con hierro y ácido fólico, que se debe seguir durante dos meses.
Las curas de la herida abdominal las realiza el personal de enfermería y se cambia el apósito al tercer día y, a partir de entonces, cada dos días. Se quitan los puntos el día que se le da el alta en el hospital.
Para evitar una flebitis (un coágulo en las venas), sistemáticamente se administra un tratamiento anticoagulante subcutáneo. Se pone una inyección a diario y el tratamiento dura tres semanas. Esta prevención es necesaria, dado que el periodo postparto y la cesárea suponen un mayor riesgo de sufrir una flebitis.
Al siguiente día de la cesárea la paciente se puede levantar con ayuda y en presencia de una enfermera. A partir del segundo o el tercer día la movilidad será mejor pero se debe ser cauto en la ducha por el peligro de caídas. El tránsito intestinal tardará un poco más en volver a la normalidad.